Pintar es una acción vital. Las influencias y conocimientos vividos te llevan por caminos que se distancian o entrecruzan, formando un tejido de experiencias y descubrimientos. Cada estrato de color, cada pincelada conlleva una actitud, un instante concreto. La suma de estas acciones y momentos crean una superposición de capas, generando líneas temporales que respiran en cada poro del lienzo.
Dar forma a una idea es un viaje hacia un destino incierto en una búsqueda interior. Con la sensibilidad a flor de piel las emociones se vuelcan sobre el lienzo, en una mezcolanza de sentimientos encontrados, de tensiones por discernir. Pintando desde esta emoción busco provocar sentimientos con el uso del color, de la luz, de las texturas y el ritmo en las pinceladas sueltas y empleadas con precisión.
Al describir en mis obras la naturaleza, el cambio de las estaciones o la vida cotidiana la afronto con una mirada directa, de manera sencilla, sensible, austera y con una leve asimetría, generadora de movimientos sutiles.
Profundizando en el estudio de la figura humana, entendí que no se trata de retratar solo al individuo, si no de retrata también sus sentimientos, de retratar sus emociones. Mezclándola con elementos históricos, arquitectónicos, reflexivos, filosóficos y situándolas en espacios oníricos, en atmosferas ambientales que marquen la profundidad, la perspectiva y el paso de los años. Fundiendo lo antiguo con lo contemporáneo, en un clasicismo difuso donde encontrar la calma y el silencio o por el contrario crear anchos horizontes habitados por luces y sombras, otorgándoles un alma a los paisajes en una variedad de simbolismos ocultos e inquietantes que inviten a un dialogo interior.
La pintura es el arte de la comunicarse sin palabras.